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...Y YO TAMBIÉN LAS RECIBO






Querida Ana:

Mis alumnas y yo también queremos darte las gracias en este rinconcito donde atesoras tus experiencias.

Déjanos decirte que la travesía ha sido inolvidable, que te has ganado a la tripulación y a la pirata patapalo, que las marineras de primera se me han convertido en capitanas de su propio navío, que incluso los polizones han ido aprendiendo a tensar y arriar velas y que ya conocen los nombres de los vientos que les llevarán a buen puerto. Ante la pericia de mis navegantes, oteo orgullosa desde el palo mayor nuevos océanos. ¡Es tan hermoso ver al marinero trabajar con las jarcias y oírle gritar “todo a estribor” mientras el resto contrarresta la escora!

Y el barco navega entre las olas soberbio, seguro, ciñendo viento.

Con todo nuestro cariño.



Educar

Gabriel Celaya

Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca,

hay que medir, pensar, equilibrar,

y poner todo en marcha.

Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que esa barca, ese niño

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestro propio barco,

en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.